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Mensaje  Sapphire el Dom Jul 14, 2013 11:28 pm

¡Hola! Bueno, pues aquí os dejo mi última historia, la escribí para un concurso, y la escogieron entre 20 finalistas de mas de 300 relatos, pero no gané Sad2 
Espero que os guste y que no os de pereza leerla Smile

La pongo entre spoiler para que no ocupe tanto.

Spoiler:
No era la primera vez que soñaba con la chica de los cuervos. Me había acostumbrado ya a su presencia en las noches en las que el sueño conseguía vencer a los gritos.
La historia se repetía una y otra vez: me despertaba sobresaltado creyendo haber escuchado a alguien pronunciar mi nombre, una voz conocida que llevaba tiempo sin escuchar, pero la casa estaba tan tranquila y silenciosa que me daba miedo. La tranquilidad era algo que se había esfumado de nuestro hogar a la par que lo había hecho Daniela de nuestras vidas. En el sueño siempre me encontraba recorriendo los vacíos pasillos de nuestra casa, tratando de encontrar a alguien en las habitaciones, pero sin hallar más compañía que mi propia sombra. El familiar crujido del tablones del suelo me recibía al llegar a su habitación; en el interior todo seguía igual: las paredes recién pintadas de azul cielo, casi podía ver a mi hermana con aquel peto vaquero manchado de pintura y el cabello castaño recogido con dos los lápices sobre la cabeza intentando acertarme con un rodillo teñido de azul; la cama llena de cojines de colores junto al escritorio donde todavía podían verse desperdigados sus dibujos; las paredes llenas de posters de grupos de música me traían recuerdos de tiempos mejores; en el centro de la habitación el ventanal que daba al balcón se encontraba abierto, y reposando sobre la barandilla, escrutándome con sus pequeños ojos de ébano, un cuervo, elegante y hermoso me observaba distante, mas al intentar acercarme, este alzaba el vuelo y hendía el cielo hacia la infinita oscuridad de la noche fundiéndose con ella. Y yo, impulsado por la ligereza de los sueños, aparecía de repente corriendo tras mi compañero de plumas negras y pico afilado por la espesura del bosque, siguiendo el sonido del batir de sus alas, y dañándome los pies descalzos con las piedras y las raíces de los árboles que entretejían el camino, pero no me dolían, por esa extraña sensación propia de los sueños en la que todo parece estar cubierto de una mullida nube de algodón que nos protege de cualquier dolor. Y conforme avanzaba mi persecución a aquella ave hecha de brea, las ramas de los árboles sobre mi cabeza iban desapareciendo, las estrellas brillaban, protagonistas, de la noche sin luna, las hojas y raíces del suelo por el que pisaba eran sustituidas por las suaves piedras pulidas por el leve pero continuo movimiento de las aguas del lago (ese maldito lago) que en aquellos momentos se abría ante mis ojos, un pozo negro y extenso que por un cielo en la tierra podría haber pasado debido al reflejo de los astros  sobre su cristalina superficie.
Y allí, en la orilla, con los rizos negros acariciándole las caderas y la mirada perdida en algún punto de su reflejo sobre las aguas, estaba ella, la chica de los cuervos, su figura delgada y pequeña, enfundada en aquel vestido del color de su pelo, y su piel que a la luz de las estrellas se veía clara, impoluta, casi transparente, le daban el aspecto de una de esas caras muñecas de porcelana que la gente colecciona y que parecen seguirte con sus enormes ojos de cristal cuando pasas frente a ellas.
Al principio no podía verle la cara, pero entonces una agudo graznido resonaba sobre nuestras cabezas y ella con un movimiento fluido y elegante alzaba la mirada y extendía el brazo a un lado, como una bailarina, para permitir el reposo de aquella magnifica ave que había guiado mis pasos por entre las ramas. Y era en ese momento cuando ella parecía percatarse de mi presencia, giraba su rostro hacia mi y me dedicaba una sonrisa; y aun a pesar de la distancia y la oscuridad, podía entrever sus facciones como si la tuviera justo delante; tenía el rostro fino y delicado, enmarcado por una gran cascada de rizos, su pequeña boca pronunciaba palabras que mis oídos no alcanzaban a oír, y sus ojos, fríos y distantes, parecían no dejar escapar la luz de su superficie como si fueran dos agujeros negros, profundos e infinitos. Todo en ella era oscuridad. Pero sin embargo, no podía sentir miedo. Era demasiado hermosa para ser mala. Mi cuerpo no parecía querer hacer caso a ese cosquilleo en el estomago que trataba de advertirme que no me acercara, que era peligroso, que lo mejor que podía hacer en aquellos momentos era salir corriendo de vuelta a casa sin mirar atrás.

La chica de los cuervos, avanzaba entonces hacia el agua invitándome a acompañarla con un sutil gesto, deslizaba sus pies por las piedras hasta que rozaba agua, se giraba hacia mi y me tendía la mano. Mis pies se movían solos, incapaces de detenerse hasta encontrarme a su lado, agarrándole con cuidado la mano. Su cabeza se encontraba a la altura de mi barbilla, y tocarle la mano era como hacerlo y no hacerlo a la vez, era una sensación extraña, la notaba ahí, entre mi mano, pero sentía que apretando levemente podría desmenuzarse por completo allí mismo. Nos adentrábamos con paso calmado en el lago sin dirigirnos la palabra, inmerso en un trance en el que apenas era consciente de mis actos y a pesar del silencio reinante, creía escuchar la voz de Daniela diciendo mi nombre, pero no eras más que un murmullo lejano que se repetía

 -Quédate conmigo – me decía la chica de los cuervos.

No sentía frío, a pesar de que el agua me empapaba ya por completo la ropa. Una ráfaga de viento me azotaba el pelo y me sacaba del ensimismamiento en el que me encontraba. El pánico al fin hizo acto de presencia cuando me encontré completamente solo, y el frío del agua traspasaba mi piel hasta congelarme los huesos. La chica de los cuervos había desaparecido, no sabía cuándo, ni cómo, pero ya no estaba allí, lo único que demostraba que en algún momento ella se había encontrado a mi  lado eran las plumas de cuervo que flotaban a mi alrededor, como si ella se hubiera disuelto en el agua. Intenté caminar hacia la orilla, pero no sabía hacia que dirección ir, lo único a lo que alcanzaba a ver era agua, y más agua, agua por todas partes. Empecé a hiperventilar, y a tragar un poco de agua. Algo se me enganchó en la pierna y noté como si cientos de manos tiraran de mi hacia el fondo. De primeras no sentía nada, me veía a mi mismo hundirme hacia el fondo despacio, con los ojos abiertos observando todo a mi alrededor; pero luego mi cuerpo cambiaba, el pelo me crecía, y los rasgos se me dulcificaban, era a Daniela a quien veía hundirse, intentaba nadar hacia ella, agarrarla, gritaba su nombre, pero mis pulmones se llenaban de agua y Daniela seguía descendiendo sin descanso, alejándose cada vez más de mi. Y entonces me despertaba, con la respiración acelerada, y un sudor frío recorriéndome la nuca, erizándome la piel a su paso.

-¿Luc...? - Algo, o más bien alguien se removió a mi lado - ¿Estás bien?

Me erguí, apoyándome en las manos y miré hacia mi derecha. Lala estaba hecha un ovillo entre las mantas a mi lado, tapada hasta la nariz.

-Lala, ¿Cuándo...? - Me fijé en que tenía los ojos rojos e hinchados - ¿Siguen discutiendo mamá y papá? - Ella asintió bajo las mantas, aunque no habría hecho falta, si aguzaba un poco el oído, podía oír los sollozos de mamá al otro lado del pasillo.

-No han parado, mamá le hecha la culpa a papá y papá le grita que se calle y... - No la dejé acabar, la atraje hacia mi y nos recosté a ambos echándonos la manta por encima.

-Shh... lo sé, no pasa nada – le dije mientras le acariciaba el pelo.

Ella hundió la nariz en mi pecho, y la oí que empezaba a sollozar de nuevo. La apreté más fuerte tratando de reconfortarla. Los ojos me escocían, a mi también me dolía, más que a ella incluso, pero tenía que ser fuerte, por Lala. Odiaba verla así, odiaba oír a papá y a mamá gritándose todas las noches, odiaba no tener a Daniela a mi lado, me odiaba a mi mismo por no haber sido yo quien se fuera. Yo la había oído salir aquella noche, ella me había dicho que no se lo dijera a nadie, que no me preocupara porque volvería antes de que despertaran nuestros padres. Pero Daniela nunca volvió. Encontraron su cuerpo al día siguiente, varado en la orilla de lago, con la piel amoratada por la falta de oxígeno y los mechones húmedos y enredados de cabello cubriéndole la cara. Su ropa se encontraba pulcramente doblada junto a un árbol cercano. Tony, su novio, le contó a la policía que habían estado bañándose juntos en lago, pero que de pronto la perdió de vista, dijo que al principio creyó que Daniela estaba gastándole una broma, pero empezó a preocuparse cuando vio que Dani no aparecía. Al poco llamó a la policía y a los servicios de rescate, que se presentaron allí de inmediato, pero la noche era demasiado oscura para poder encontrar a mi hermana. Los primeros rayos de sol de la mañana acariciaron el inmóvil rostro de Daniela que había sido arrastrada hasta la orilla. Su mano rígida aferraba con fuerza sobrehumana una pluma negra y lustrosa.

-La hecho mucho de menos – Oí que me decía Lala con la voz ahogada.

-Yo también Lala, yo también.

-No me gusta que me llames así – refunfuñó. Yo me permití sonreir para mis adentros, Lala había crecido, ya no era la niña pequeña que no sabía pronunciar su nombre, esa niña de trenzas castañas que cambiaba las “r” con las “l” y que estallaba en carcajadas con solo mirarla un poco raro. Había madurado de forma acelerada durante las últimas dos semanas, pero en el fondo seguía siendo solo una niña de 8 años que echaba de menos a su hermana mayor, y se refugiaba en los brazos de su hermano para poder huir de los gritos de la habitación de al lado.

Dos semanas. Solo dos semanas habían pasado desde la muerte de Daniela, las dos semanas más largas y dolorosas de toda mi vida, y a pesar de mi sufrimiento el Sol siguió saliendo por las mañanas, alzándose en el cielo, haciendo la vida continuar, pero la mía se había detenido en el mismo instante en que atisbé por primera vez el cuerpo inerte de Dani entre las rocas. Ella era mi hermana gemela, sangre de mi sangre, jamás habíamos pasado más de un día alejados el uno del otro.
Lala se removió inquieta, yo acomodé mi barbilla sobre su cabeza y cerré los ojos con fuerza, deseando volver a dormir y así poder evadirme de la cruel realidad. Pero eso no ocurrió, una luz blanca inundó mi visión bajo los párpados y me llegó un leve olor a desinfectante, pero al volver a abrir los ojos todo era normal, la habitación en sombras y Lala quitándome toda la sábana dejándome a mi prácticamente destapado. Tampoco era la primera ocasión en la que me sucedía esto, desde que pasó lo de Daniela no habían dejado de ocurrirme cosas extrañas, cuando cerraba los ojos veía aquellas luces blancas y todo mi entorno se quedaba impregnado de aquel olor que había empezado a odiar con todo mi ser; de repente la cabeza empezaba a arderme y a darme martillazos; creía oír a mis padres llamarme, pero cuando les preguntaba aseguraban no haber pronunciado mi nombre en absoluto; y luego estaba ella, la chica de los cuervos, su inquietante presencia no solo la encontraba en los sueños, a veces, cuando pasaba veloz con la moto por la carretera que hay junto al lago camino al instituto, se me antojaba ver su silueta junto al lago, observándome con unos ojos tan negros como los del cuervo que siempre la acompañaba.
Todo era maravilloso. Absolutamente perfecto. Mi hermana muerta, mis padres a punto de divorciase por ello, mi hermana pequeña totalmente traumatiza, y yo volviéndome loco, o esquizofrénico, o... ¡Yo que sé! Tal vez tenía un aneurisma a punto de estallarme en la cabeza. Puede que incluso eso fuera lo mejor.

Yo todavía seguía despierto cuando los primeros rayos de sol de la mañana se colaron por mi ventana. No sé cuanto tiempo estuve allí recostado mirando al techo sin hacer nada, solo sé que cuando mamá vino a despertarnos para ir a clase yo tenía las extremidades algo entumecidas por no haberlas movido.
Me fijé en mamá cuando destapó a Lala, que todavía dormitaba, y se la llevó en brazos hasta su habitación, tenía la cara demacrada, y a penas me miraba a los ojos, había perdido mucho peso, sus ojos verdes estaban hinchados de tanto llorar, parecía haber envejecido veinte años de golpe. Desde que eramos pequeños, mamá nos había dicho a Daniela y a mi que debíamos estar presentables en todo momento, ella siempre había sido muy coqueta, ahora ni siquiera hacía el esfuerzo de intentar peinarse.
Me levanté de la cama con parsimonia y llegué hasta el armario arrastrando los pies por la alfombra, sintiendo su suave roce contra mi piel, me puse lo primero que pillé, y salí de la habitación sin molestarme en mirarme en el espejo porque ya sabía el reflejo que este me devolvería, un adolescente desgarbado, normal y corriente, con unas ojeras que le ocupaban toda la cara, y el pelo desarreglado casi cubriéndole los ojos. Tenía que cortarme el flequillo, lo llevaba ya demasiado largo, y algunos mechones se me metían en los ojos, por lo que el parpadeo era constante; y no quería cerrar los ojos, cada vez que lo hacía las luces y aquel desagradable olor volvían, en ocasiones tan fuerte que llegaba a marearme. Y esa mañana el ardor de la cabeza se había intensificado, cuando llegué a la cocina donde papá y mamá desayunaban creía que la cabeza me podía explotar en cualquier momento.
Papá y mamá estaban sentados uno en frente del otro en la pequeña mesa de cocina, comían en silencio con la cabeza agachada, y la tensión en el ambiente era tal que sentí que me ahogaba. Me senté con ellos haciendo ruido al arrastrar la silla, pero ni se inmutaron. Observé durante varios minutos el desayuno que mamá había preparado con el estómago revuelto. Cuando comprendí que no iba a ser capaz de tomar nada esa mañana me levanté de la mesa procurando hacer el mayor ruido posible y cogí mi mochila que seguía en el mismo lugar donde la había dejado caer el día anterior,y volví a la cocina a despedirme de mis padres. “Me voy” fue lo único que les dije. Cuando abandonaba ya la estancia oí a mi padre golpear bruscamente su taza contra la mesa. Me giré para ver lo que ocurría, había levantado la vista de la mesa y me observaba con el ceño fruncido.

-¿No vas a comer nada? - dijo secamente.

-No tengo hambre – y decía la verdad, como probara bocado estaba seguro que iba dar un nuevo color a los caros sofás blancos que mamá se había empeñado en comprar el año pasado.

-¡Joder Lucas, deja ya de comportarte como un crío! - me chilló mi padre, pero no me importó, le miré distante con la expresión neutra.

-Compréndelo cariño – le había susurrado mamá, con la voz tan baja y quebrada que apenas alcancé a oírla.

Mi madre había seguido hablando con mi padre cogiéndole con cuidado del brazo, pero no la escuché, no quise escucharla, me encogí de hombros y di media vuelta en dirección a la puerta con el ruido de una nueva discusión de fondo. Salí dando un portazo y me monté en la moto dejando el casco atrás, la seguridad podía irse a la mierda, ya nada importaba, además tal vez el aire fresco pudiera mitigar la quemazón que me atosigaba, y surgió efecto, el dolor se convirtió solo en leves pinchazos ocasionales bastante soportables; durante cinco minutos estuve conduciendo por entre las arboledas que rodeaban el camino. Nuestra casa estaba apartada de la civilización, como solía decir Dani, se encontraba a quince minutos en coche (o en moto) del pueblo más cercano, y durante casi todo el trayecto los sauces te recibían al pasar.
Me encontraba ya próximo al tramo de carretera que pasaba junto al lago cuando un fogonazo de luz blanca me deslumbró y me tambaleé sobre la moto hasta que conseguí frenar. El olor a lejía y a productos de limpieza me asfixiaba, me bajé a trompicones de la moto que cayó al suelo con un gran estruendo que me retumbó en los oídos, me froté los ojos y la intensidad de la luz disminuyó un poco, lo suficiente para alcanzar a ver lo que tenía delante, oí la voz de mi madre diciéndome “Vuelve Lucas, por favor vuelve” pero no sabía de dónde provenía el sonido, era todo demasiado confuso, el mundo giraba, y algo me agarraba con fuerza la mano, traté de enfocar la vista, y vi una mano blanca, pequeña y menuda sosteniendo la mía, otra mano me alzó la cara, aquel brillo cegador seguía rondándome y apenas podía respirar, pero conseguí distinguir con total nitidez el rostro fino e inquietante de la chica de los cuervos frente a mi, me susurraba que me quedara, que por favor no me fuera, y su voz era como el sonido de la lluvia cayendo, me quemaba la piel allí donde ella me tenía sujeto pero la luz fue aumentando, y la sensación de asfixia desapareciendo, el rostro de la chica se perdía en la claridad y su voz iba perdiendo fuerza contra otras que me pedían regresar, mis padres, Daniela, querían que volviera, pero volver ¿a dónde?

-¡No! - la voz de la chica de los cuervos consiguió imponerse sobre las demás durante unos instantes, la volvía a tener enfrente mía - ¡No te vayas!¡Quédate conmigo!¡Estaremos juntos siempre!- y entonces creo que me besó, pero no puedo estar seguro de ello – Por favor... - y de verdad, estuve tentado de quedarme con ella, fuera donde fuese. Pero volví a oír la voz de Daniela llamándome y supe que yo quería estar donde ella estuviese. Y la chica de los cuervos lo notó. El negro de sus ojos se tragó lo blanco antes de disolverse en miles de plumas.

Y entonces todo se llenó de luz.

Ya no sentía el asfalto de la carretera bajo los zapatos, ni tampoco el frío aire de la calle, hacía calor y no corría ni una misera brizna de viento. Estaba tumbado en algo mullido, la cabeza todavía me palpitaba y el olor seguía allí, pero la tensión había desaparecido, tenía los ojos cerrados y aun así notaba el brillo de los focos bajo los párpados, oía algo moverse a mi alrededor, voces hablando, notaba un deje esperanzado en el tono de las voces, pero no era capaz de entender nada, una mano apretó la mía, y de pronto la congoja me asaltó, la chica de los cuervos seguía allí, no había desaparecido, tal vez puede que hasta estuviera muerto, de ahí la brillante luz, pero no, quien me sostenía la mano no podía ser la chica de los cuervos, el tacto era diferente, esta era cálida, reconfortante y me resultaba bastante familiar.
Traté de abrir los ojos, pero estos me pesaban como si me hubieran cosido los párpados entre sí. Sentí el movimiento de algo a mi alrededor y la presión sobre la mano aumentó. Alguien dijo mi nombre. Con esfuerzo conseguí abrirlos, solo un poco, pero me vi obligado a cerrarlos al instante, había demasiada luz, instintivamente me llevé la mano a la cara y me sorprendió el dolor que me supuso realizar ese simple gesto. Solté un quejido.

-¡Luc! - Esa voz, tan conocida, que había echado tanto de menos, que había extrañado en cada momento en el que sabía que no iba a volver, había sonado tan cercana y real, que estaba ya seguro de que había muerto. ¿Por qué si no iba a estar Daniela a mi lado, hablándome y cogiéndome la mano? Sonaba tan viva... - ¡Vamos Luc, despierta, abre los ojos, por favor! - Estaba llorando
Giré la cabeza lentamente, con la mano todavía cubriéndome la cara, en la dirección en la que provenía su voz. Abrí un ojo, después el otro, intentando acostumbrarme a la claridad, y a través de los dedos de la mano la vi. Daniela estaba allí, observándome con los cara empapada en lágrimas, me sonreía, y en ese momento fui feliz. Intenté incorporarme, pero fue como si miles de agujas se me clavaran en las palmas de las manos al apoyarlas y caí derrumbado sobre lo que suponía era una cama. Vi como Daniela sostenía una especie de mando, en seguida la cama se irguió, y tan pronto como esto ocurrió se abalanzó contra mi, abrazándome. Notaba como se me humedecía la camiseta, Daniela chapurreaba cosas inteligibles, y aunque la presión que ejercía sobre mi cuerpo resultaba un poco molesta no quise apartarla. No entendía nada, tampoco lo necesitaba, tenía a Daniela a mi lado, y eso era la único que  importaba.

- Luc, yo... yo ¡lo siento tanto! Fue todo culpa mía... l-lo siento... - sollozaba y la palabras se le amontonaban en la boca. - Yo... no debería... tú... pero yo... ¿estás bien?¿Te duele...? - ¿Qué estaba pasando?¿Por qué Dani me estaba diciendo todo esto? Estaba confuso, muy confuso. Intenté decir algo, pero tenía la garganta extremadamente seca – Ay Dios Luc... lo siento tanto, de verdad...

-Vamos Daniela, suelta a tu hermano, tiene que estar muy cansado y seguro que le estás haciendo daño – Fue mamá quien apartó a Daniela de encima de mi y le pasó una mano por el pelo con cariño. Quise llorar. No me había dado cuenta hasta entonces de que mamá y papá se encontraban también en la habitación, se me hizo raro no verlos discutiendo. Mamá estaba también un poco desmejorada, pero al menos llevaba el pelo recogido en una coleta y no como un enmarañado halo alrededor de la cabeza y la mirada de papá no era tan dura y severa.

-¿Te encuentras bien, Lucas? - me preguntó mamá, la preocupación estaba presente en su tono de voz. - Cariño, corre a llamar al doctor por favor, hay que decirle que Lucas ha despertado ya.
Mire a mi alrededor, nos encontrábamos en una habitación de paredes blancas, solo había una ventana, y estaba cerrada. La sala estaba llena de aparatos que emitían ruidos de forma constante. Me miré las manos, una la tenía vendada y la otra estaba toda amoratada y llena de magulladuras que ya habían empezado a cicatrizar. Llevaba varías vías en el brazo.

-¿Qué...? - oí mi propia voz ronca y extraña, pero no pude terminar de hablar, justo en ese momento la puerta se abrió, y vi entrar a Lala de la mano de una joven enfermera, llevaba una piruleta en la mano, pero tenía la cabeza gacha. Su mirada se iluminó cuando alzó la cabeza y me vio allí despierto. Dejó caer la piruleta y salió corriendo hacia mi. Cuando se subió a la cama me clavó una rodilla en el estomago, pero no me quejé. Dejé que Lala me abrazara, pero dirigí la mirada hacia mi madre y Daniela, y ellas debieron de notar la confusión en mi cara, pues empezaron a hablar sin que yo tuviera que preguntarles nada.

-Ya nos había advertido el doctor que cuando despertaras posiblemente no recordaras nada. – dijo mamá suspirando – Te diste un fuerte golpe en la cabeza – me llevé las manos a la nuca, y noté el inicio de una venda - ¿Recuerdas al menos que estabas haciendo antes del accidente? - ¿Accidente? No tenía ni idea de lo que me hablaba mamá, así que negué con la cabeza, me arrepentí al instante, porque todo el mundo empezó a dar vuelta, eché la cabeza atrás hasta que se me pasó

-Fue todo culpa mía – dijo Daniela con un débil hilo de voz. Tenía la vista clavada en las baldosas del suelo. Mamá le paso un brazo por encima de los hombros. - Te caíste con la moto, Luc.

-¿Cuándo...?

- Hará dos semanas – continuó Daniela. No me miraba a los ojos – Mamá y papá me habían prohibido que fuera con Tony al lago ¿Te acuerdas de eso? Cuando todos os fuisteis a dormir, yo... yo me escapé, pero tú me pillaste... y – la historia se vio interrumpida por los sollozos – Me dijiste que no fuera... pero yo no hice caso, y... y me fui en el coche de Tony, al poco de estar en el lago, te vimos llegar con la moto... y pasó algo... no sé que, pero de repente perdiste el control y caíste rodando por la colina hasta el lago... yo... yo estaba muy asustada...

Lala se estremeció en mi pecho. Intenté decir algo pero las palabras no conseguían escapar de mi boca, tampoco sabía que habría dicho de haber podido hablar.
Los días en el hospital transcurrían con suma lentitud, las horas se alargaban y alargaban tanto que la semana y media que permanecí ingresado tras despertar me pareció un mes. Mis padres y mis hermanas venían todos los días a visitarme, a veces incluso se quedaban conmigo por la noche cuando los médicos les dieron el consentimiento. Día a día veía mis heridas físicas recuperarse, el accidente que no conseguía recordar debió de ser realmente grave pues me había dejado muy malherido, a parte del traumatismo en la cabeza, tenía varias costillas rotas, una fisura en el talón y una innumerable cantidad de hematomas y arañazos varios. Cuando me dieron el alta, a pesar de encontrarme bastante bien físicamente, mentalmente me sentía peor que nunca. Estaba desorientado, confuso; había pasado dos semanas inconsciente, alejado del mundo, pero viviendo mi propia realidad, y esa realidad no tan real me había dejado marcado. Todavía me escocían los ojos al ver a Daniela viva y feliz jugando con Lala como antes solía hacer, como nunca ha dejado de hacer, se me escapaba siempre una sonrisa cuando veía a mis padres hablar con tranquilidad como antes solían hacer, como nunca han dejado de hacer. Y luego estaba ella, siempre ella, mi fiel perseguidora nocturna, la chica de los cuervos. Su presencia no había abandonado mis noches, pero si antes me transmitía una cierta sensación de tranquilidad hasta el momento en el que me veía hundiéndome en el abismo, lo único que podía sentir ahora era el pánico atenazándome todas las extremidades. Al principio era todo igual, la encontraba en la orilla del río, pero cuando se giraba a mirarme ya no sonreía y sus ojos habían perdido toda pizca de humanidad, se habían convertido en verdaderos pozos negros sin una mínima mota blanca en ellos. Su piel se había vuelto casi translúcida y las venas negras se le amontonaban en los brazos y las sienes formando intrincados caminos. Ya no me invitaba a acompañarla ni me susurraba palabras que el viento se llevaba. La fiereza de su rostro hacía que me recordase a un león a punto de atacar a su presa. Sin saber muy bien como Daniela aparecía detrás de ella, parecía sumida en algún trance pues tenía la mirada perdida y sin vida, yo gritaba su nombre, pero no respondía. La chica de los cuervos movía entonces los labios, pero sin que ningún sonido saliese de ellos, y aun así, yo sabía perfectamente lo que quería decir “Por tu culpa” Y de la boca de Daniela empezaban a manar plumas negras, la veía ahogarse, impotente, sin poder hacer nada para ayudarla, se derrumbaba en mis brazos y lo único que yo podía hacer era observar como la vida se escapaba poco a poco de sus ojos.
Nada más llegar a casa desde el hospital me encerré en mi cuarto. Estaba agotado, asustado. Había visto a la chica de los cuervos junto al lago al pasar con el coche, estaba seguro, no podía ser un sueño. Quería desconectar, necesitaba desconectar, así que me puse los cascos y me tumbé en la cama. El vocalista de Rammstein iba ya por el segundo estribillo de Stirb nicht vor mir (No mueras antes que yo) cuando Daniela entró en mi habitación, sin llamar como de costumbre.

-¿Me vas a decir por las buenas lo que te pasa o voy a tener que sonsacártelo a base de súplicas? Y no me digas que estás cansado por lo del accidente y todo eso que no me lo creo. Te conozco demasiado bien.

Y se lo conté todo. Nunca he podido ocultarle nada ella, sabe cuando miento, y es demasiado elocuente. Cuando terminé de contarle la historia fingió estar preocupada, pero al instante estalló en carcajadas. Negó con la cabeza todavía riéndose y se tumbó a mi lado en la cama.

 -Y luego la miedica asustadiza soy yo... - suspiró – Mira Luc, has pasado por algo difícil, pero te aseguro que todas esas cosas son imaginaciones tuyas. Yo estoy bien, tú estás bien, y eso es lo que importa.

Yo sabía que todo era real y que Daniela estaba equivocada, pero no quise discutir, así que nos tapé  a ambos con una sábana y nos quedamos durmiendo juntos, igual que cuando eramos pequeños.

Cuando me desperté ya había caído la noche, la casa estaba en silencio, y el otro lado de la cama frío. Un pánico irracional me invadió. Daniela dormía conmigo y ahora no estaba. Me levanté apresurado y todo mi cuerpo se quejó por ello, todavía estaba un poco débil. Sabía que me estaba dejando llevar por el miedo, seguramente Daniela se había ido a su habitación a dormir, pero algo dentro de mi me decía que no era eso. Recorrí toda la casa medio cojeando, mamá tenía guardia en el trabajo esa noche, y papá se había quedado durmiendo en la habitación de Lala, pero no había ni rastro de Daniela. Sacando fuerzas de donde las tenía, pude llegar hasta el coche de papá, y di gracias a Dios de que papá hubiese querido enseñarnos a conducir a Daniela y a mi el mes pasado. Y aun con todo, me costó arrancarlo y meterle las marchas.
Sabía dónde estaba Dani, no quería creerlo pero lo creía. Lo notaba en la sangre, en los huesos, dicen que los gemelos siente lo mismo que su otro hermano, pues bien, yo ahora podía sentir el terror de Daniela en cada célula de mi adolorido cuerpo.
Llegué al lago casi sin darme cuenta, le había pisado más al acelerador de lo que creía. Dejé el coche con las llaves puestas en medio de la carretera y bajé a rastras la pendiente por la que según me habían contado había caído rodando hacía unas semanas.
No tuve que llamarla ni que buscarla, la chica de los cuervos ya me esperaba allí, tan real que casi tuve ganas de vomitar. El tobillo me dolía, la cabeza me palpitaba, y sentía los puntos al respirar. Vi a Daniela en la orilla del lago, llevaba puesto su pijama de gatitos y estaba descalza. Contemplaba la superficie del agua embelesada, abstraída del mundo que la rodeaba. La llame y no respondió, igual que en mis sueños, solo que estaba seguro de que estaba no se trataba de uno.
La chica de los cuervos se había presentad tal y como la vi la primera vez, demasiado bonita para ser real, pero no solo era real, también era peligrosa, mucho, bajo su apariencia de muñeca pude ver a la chica que había asesinado a mi hermana una y otra vez en mis sueños.

 -¿Qué es lo que quieres? - yo estaba jadeando por la falta de aire. Y tenía los ojos clavados en la espalda de Daniela, que seguía allí, inmóvil.

- Muy fácil, te quiero a ti – el tono posesivo de su vez me hizo estremecer. Pero por un instante me pareció ver la soledad en sus ojos y sentí lástima de ella – Quiero que te quedes aquí conmigo para siempre – susurró – una parte de mi cuerpo quería hacerle caso, ella provocaba ese efecto en mi, pero me acordé de Daniela y pudo controlarme.

 -¿Y mi hermana, que pinta ella aquí? - Quería hacer tiempo como pudiera y tenía que encontrar la manera de coger a Daniela y llevármela al coche, pero en mi estado me era imposible.

 -Solo un estorbo – tuve ganas de estrangularla cuando la oí decir aquello – No te preocupes por ella, pronto dejará de molestarnos – Y como si un interruptor se hubiera encendido en la cabeza de mi hermana, de pronto alzó la mirada y comenzó a adentrarse en el lago.

Intenté detenerla, pero mi tobillo ya había aguantado demasiado y acabé derramándome sobre las piedras. Todo estaba sucediendo al igual que en mis sueños, Daniela dirigiéndose hacia una muerte segura y yo sin poder hacer nada, sin poder protegerla. El agua le llegaba por la cintura y ella seguía su camino impasible. Lágrimas de impotencia inundaron mis ojos y me sentí morir. La chica de los cuervos se arrodilló junto a mi, tapándome la visión de mi hermana.
 -¿Por qué haces esto?

 -Tú tuviste la culpa, si no hubieras despertado podríamos haber seguido juntos, ella habría seguido viva aunque tú no lo supieras, pero tuviste que elegir volver con ella – vi la rabia aflorar en su voz y el blanco de sus ojos titubeó.

-Yo me quedaré, pero por favor deja que ella se marche – le supliqué – Por favor...

-Lo siento Luc... - apoyó su frente en la mía y ladeó la cabeza levemente para permitirme observar el lago – Ya es demasiado tarde para ella...


Bueno, ¿qué os ha parecido? Gin


Última edición por Sapphire el Lun Jul 15, 2013 1:51 pm, editado 1 vez
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La chica de los cuervos (Sapphire)  Empty Re: La chica de los cuervos (Sapphire)

Mensaje  Dom Perignon el Lun Jul 15, 2013 4:36 am

Aun no la he leido (lo haré pronto) pero quiero darte un consejo, si no te parece mal.
Tendría que dejar respirar mas el texto (mas parrafos separados por una linea entera, basicamente) para que no nos caiga todo el tocho de golpe.

También he visto en el tema donde te he contestado sobre donde poner el fic que dudabas si partirlo en dos o no, y yo lo partiría (ya que siendo solo dos partes, tienes la certeza de que si se lee la parte 1 también lo harán con la 2, porque para una que nos falta, pues no vamos a dejarlo colgado. También puedes simplemente separarlo en 2 spoilers, asi das opción a la gente a si solo quiere leer 1 parte y la otra luego, o las 2 de golpe.

Mañana o pasado lo leeré, y si has aplicado esos cambios que te he dicho, lo haré con mas ganas XD


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La chica de los cuervos (Sapphire)  Empty Re: La chica de los cuervos (Sapphire)

Mensaje  Sapphire el Lun Jul 15, 2013 1:44 pm

¿Sabes por qué está tan pegado el texto Dom? Resulta que esta es la versión que envié al concurso que ya he dicho, y había un límite de páginas que yo sobrepasaba (Razz)
Así que tuve que pegar más el texto, para que entrara dentro de las bases.
Pero no te preocupes, que ya lo separo.
Y el problema de dividirlo en dos partes es que no sé por dónde hacerlo, ya que no hay ningún punto en el que se vea un claro corte.
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La chica de los cuervos (Sapphire)  Empty Re: La chica de los cuervos (Sapphire)

Mensaje  Dom Perignon el Miér Jul 31, 2013 3:16 am

Lamento haber tardado en ponerme, pero hoy si que he podido, y ya me lo he leído.

Quiero avisarte que en mi siguiente crítica voy a ser duro contigo, pero por un motivo muy simple. Las críticas blandas son para los mediocres o para los que aun están empezando, y tú no me das la sensación de ser ninguna de las dos cosas.

Aunque antes de comenzar.. ¿Es cierto lo que pone en tu perfil de que tienes 14 años? Te felicito por el nivel que tienes a tan temprana edad.

Pero obviamente, eso indica que aun te queda un camino (aunque seguramente estés muy por encima de gente de 20 y 30 que lo intenta pero no hay manera ya) y quiero señalar algunos detalles a tener en cuenta, asi como darte algunos consejos que espero que te valgan.

Primero, el ritmo, te tiras demasiado por el lado de los monologos en forma de parrafos colosales, y bueno, para un lector muy entrenado es soportable, pero mucha gente (incluido lectores asiduos) eso es un problema de ritmo importante. Hay que saber jugar con la sucesión parrafo-frase-dialogo-parrafo grande-parrafo pequeño, es decir, ir moldeando la fuerza de las acumulaciones de frases en favor a un ritmo que conseguirá acompañar al lector sin ningún problema a lo largo de toda tu obra, en lugar de frenarlo.

Segundo, esto es un defecto y una virtud a partes iguales en tu caso. Una cosa es aplicar el enorme talento que tienes para los sinonimos, la definición y la recreación, pero otra es abusar de ello hasta el punto de reiterarlo en cada frase. Es como si cada frase la atacases con demasiado contenido, tres sinonimos aqui, dos expresiones sobre una misma cosa por allá. Está muy bien eso y repito, tienes un talento para conseguirlo que es de lector/escritor muy muy avanzado, pero.. En grandes cantidades puede empalagar un poco y, sobretodo, y volvemos al punto primero, frenar el ritmo.

Tercero, los personajes. Esta clase de relatos tan espirituales ya suelen ser así, un monologo constante y un centrismo absoluto en el prota. Pero hay un problema, y es que no me causan empatía. Lucas aun, aunque no tiene tanto merito porque sus monologos son tan largos, que ha tenido tiempo de sobras para causarme algo de empatía, pero el resto de personajes no consiguen conectar, no consiguen que nos importen como le importan a Lucas (a ver, eso es imposible, son sus familiares XD Pero bueno, ese sería el objetivo al que nos tenemos que acercar)
Concretamente Daniela, me hubiese gustado ver un poco mas de tratamiento sobre ella para que entendamos el amor de Lucas por ella. En un relato corto como este insisto, se que es normal no poder desarrollar mas que al protagonista, pero a veces con algunas frases bien elegidas sobre alguna experiencia, fobia, filia, opinión, virtud o defecto, si se saben elegir, causan una humanidad instantanea muy útil. Cuando se trata de hacer interactuar a los personajes te cuesta un poco (en comparación a tu gran virtud con la narración), y eso se nota en escenas como cuando la chica cuervo besa a Lucas.

Por último, el final, también se que este tipo de relatos no suelen tener un final muy explicativo y que es mucho mas elegante dejarlo así, pero esa escena en particular merecía tener mucha mas fuerza, algo mas de suplica, sufrimiento, conocer mejor a la chica de los cuervos, o simplemente sentir nosotros los lectores, junto a Lucas, hasta que punto estamos sufriendo esa situación.

Si atiendes esos 4 puntos, estoy seguro de que tu nivel para los relatos será de sobresaliente por cualquiera con un mínimo de buen gusto que te lea.
Tienes muchas cosas buenas, como tener un vocabulario muy amplio que sabes aplicar a la perfección, conseguir una espiritualidad muy grande en el contenido de tu texto, crear una situación muy bien conseguida sobre la familia en este caso, dotar de caracter tu obra, darle algún giro que mantiene pegado.. Realmente te he admirado mucho, y por eso, aunque es bonito que te digan las cosas buenas, yo como mucho te las recuerdo resumidas, para que las mantengas, pero como has visto, lanzo todo mi discurso hacia no lo malo, sino lo que mas deberías fijarte a la hora de pulirte a ti misma.

Un dato, ¿has leido Kafka en la orilla, de Murakami? En caso de que sí, se nota, ya que tanto en narrativa como en algún concepto hay ciertas reminiscencias. En caso que no, te insto a leerlo, es mi libro favorito y, teniendo en cuenta el tipo de cosas que escribes, estoy seguro que lo apreciarás muchísimo (aunque advierto que le cuesta bastante arrancar y el principio se hace algo flojo XD)

Por último decir que me gustaría mucho verte en acción en un relato mas largo, ya entrando en narrativa novela o fanfic en su defecto.

¡Felicidades por el relato!


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Mensaje  Sapphire el Jue Ago 01, 2013 12:20 pm

Bueno, antes de nada, gracias por leer mi relato, y decir que sí, que tengo 14 años (al menos hasta dentro de unos días) Razz

He de decir que estoy prácticamente de acuerdo en todo lo que has dicho, sé que he de introducir y pulir más los diálogos y darle, por ejemplo al final, mucha más carga emocional, pero el principal problema que se me presentó en este relato fue el número de páginas, a mi me hubiera gustado poder profundizar más en los personajes, pero es algo que por falta de espacio no pude hacer.

El libro que dices de Murakami no lo he leído, pero lo apunto a mi lista (tengo una lista de libros para leer, en serio xD) de hecho, lleco mucho tiempo viendo a Murakami por las librerías y me ha dado curiosidad, pero no sabía por cuál de sus libros empezar.
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Mensaje  Dom Perignon el Jue Ago 01, 2013 2:31 pm

Lo de "tengo una lista de libros, en serio" se lo has ido a decir al rey de las listas XDD
Tengo listas larguisimas de libros, peliculas, series, animes, mangas, videojuegos, comics que dibujo yo, escritos que quiero hacer y demás actividades (como hacer cosas para foros y demás) XD

El tema de que fue para un concurso y tenías límite también lo he tenido en cuenta, por eso mi añadido final de que me gustaría ver alguna especie de relato, novela o fic mas libre que tengas por ahí o que quieras hacer en un futuro y que espero muestres aquí, porque ya tienes a un lector asegurado.

Y Murakami, por lo menos en Kafka (solo me he leído dos libros suyos, pero Kafka me parece el mejor ejemplo de este estilo) tiene un estilo que me recuerda al tuyo en el sentido de la espiritualidad, la mezcla entre lo real y lo onírico (hasta el punto de hacerte dudar y de sentir lo onírico como real y viceversa) y en general la forma de expresarte y de no ser del todo convencional (no es un crepusculo, para que nos entendamos XD) Ah, y también hay cuervos, que eso ya ha sido definitivo para que vea las similitudes.

Si algún día te lo lees podemos comentarlo (que es de esos libros que tienen varias posibles interpretaciones al final)


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Mensaje  Sapphire el Jue Ago 01, 2013 9:31 pm

Dentro de poco (espero) tendréis una nueva historia mía por aquí, ya que estoy haciendo un pequeño fanfic, va a ser un two-shot de la historia de mi personaje aquí en el foro, y no me queda mucho para terminar la primera parte, pero es que es verano... y en esta época mis neuronas y mis ganas de hacer algo productivo disminuyen considerablemente... Sad2 

Y bueno, la próxima que vez que vaya a la librería me fijaré a ver si tienen Kafka y cuando termine con Battle Royale me pongo con él Smile
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